A cincuenta años de la dictadura más hdp de la historia argentina, la memoria no se negocia ni se
archiva. Bajo la consigna “Nuestros desaparecidos vuelven a su tierra”, el Galpón de la Vieja
Estación se transformó en un templo de resistencia con la Peña del Reencuentro. Organizado por las
familias Ferreyra y Goyochea, el bondi de la historia recuperó tres nombres que el Estado genocida
quiso borrar: Adrián, José Luis y Nélida. Hijas, hermanos, amigos y compañeres se plantaron con
música, memoria y una bronca intacta contra el olvido.
¿Cómo se llegó acá? Tras una búsqueda incansable del Equipo Argentino de Antropología Forense
(EAAF) y la confirmación de la Justicia Federal de Córdoba, se supo la verdad: los restos de José Luis
Goyochea, Nélida Noemí Moreno y Adrián José Ferreyra fueron hallados en el sector "Loma del Torito",
adentro del predio maldito del ex centro clandestino de detención La Perla. El horror dejó rastro, pero la
lucha fue más picante.
LA CALLE TIENE MEMORIA
El ex preso político Luis “Lucho” Gómez tiró la posta en el mic sin cassette ni vueltas: “No sólo se
recuperaron sus restos, también recuperamos ese compromiso y esa pasión que nunca se extinguió y
por la que fueron desaparecidos”. Lejos de la nostalgia careta, Lucho soltó que esta vuelta a casa es
una contienda viva: “Es la historia de una generación rebelde que posibilitó cambios de conducta, de
relaciones y de valores. Hay que hacerlos presentes hoy frente a las injusticias de este sistema que
sigue pisoteando a los pueblos, ya sea en Palestina, Cuba o Irán”.
Por su parte, el cantor “Pancho” Cabral le puso voz a la tarde y dejó en claro que la trinchera cultural
también se banca con acordes: “Los cantores tenemos una militancia desde la palabra y desde el canto.
Es un honor estar acá bancando a mi amigo Carlos Ferreyra y a todos los parientes”.
EL DOCUMENTO QUE SOBREVIVIÓ AL ESPANTO
Una de las postas más duras y emotivas la marcó Ernesto Ferreyra, hijo de Adrián José Ferreyra.
Nació sin conocer a su viejo, secuestrado pocos días antes de que él viniera al mundo, con su mamá
embarazada de nueve meses. Ernesto armó el rompecabezas de su historia a puro diálogo con su vieja,
que le dejó una carta para la posteridad.

"El teniente que lo detuvo le dijo que lo llevaron al Comando del Tercer Cuerpo del Ejército y le entregó
su documento de identidad, prueba de que fue llevado sin nombre. Ese documento lo guardó mi mamá
casi 50 años. Y hoy vuelve a su dueño."
— ERNESTO FERREYRA
Por su parte, Águeda Goyochea —hija de José y Nely, secuestrados juntos en agosto de 1977—
agradeció el aguante colectivo en estos tiempos oscuros: “Ahora que sabemos lo que es encontrarlos,
nos queremos comprometer con seguir la búsqueda. Las excavaciones en La Perla continúan y hay
muchísimos compañeros buscando a sus viejos. Eso es posible con el amor y el corazón del pueblo
riojano y de todos los que nunca bajaron los brazos”. Como gesto definitivo, la familia Goyochea repartió
cuadros-collages de la historia de sus padres para que queden clavados en los despachos del
gobernador, jueces, obispado y gremios. ¡Que nadie se haga el distraído!
LA RIOJA NO OLVIDA
El secretario de Derechos Humanos, Délfor “Pocho” Brizuela, cerró la jornada recitando al poeta
puntano León Benarós para invocar al Chacho Peñaloza y a todos los fantasmas combativos de los
llanos: “La Rioja no te olvida / un clamor por esos llanos va...”.
Conviene recordarlo sin anestesia: en proporción a su población en los 70, La Rioja registró la mayor
cantidad de víctimas del terrorismo de Estado, a pesar de que acá no hubo guerrilla urbana como en
Córdoba o Buenos Aires. La persecución feroz cayó sobre los que bancaban la Pastoral Social del
obispo Enrique Angelelli. Hubo cerca de 1.800 detenidos que pasaron por el ex IRS, comisarías y la
Base Aérea de Chamical. Unos 250 fueron mandados a cárceles de máxima seguridad de todo el país y
52 fueron desaparecidos. A ellos se suman los curas de Chamical, el laico de Sañogasta y el propio
Angelelli, asesinados por la dictadura clerical-militar.
Hoy, con Adrián, José Luis y Nélida de vuelta en su tierra, el mensaje es claro: la memoria quema, la
lucha sigue y los desaparecidos no se rinden jamás.